No fue una sorpresa. Es de ese tipo de cosas que sabes desde siempre, como que los perros piensan. Lo sabes porque lo ves en su mirada, en la forma como se detienen por una fracción de minuto ante dos estímulos igualmente buenos (una caricia o comida). Simplemente lo sabes. Así es que cuando vi en algún documental de Animal Planet que los chimpancés cometían asesinatos por razones políticas, no me sorprendió.
El chimpancé es la especie animal más parecida al ser humano, genéticamente hablando. Poseemos alrededor de un 99.9% de genes que son exactos y cumplen las mismas funciones.
Que sean muy parecidos a nosotros no los hace los animales más inteligentes de la tierra, después de nosotros. De hecho, dudo que nosotros seamos los más inteligentes, si la inteligencia se mide como nosotros decimos que se mide.
El hecho de que sean tan parecidos a nosotros me deja con una pregunta: ¿Los simios sufren de moral? Sabemos que tienen sus gripas, su viruela, su paludismo. Que podemos compartir enfermedades, pero ¿será que dentro de sus primitivos cerebros habita esa vocecita que te trata de explicar, una y otra vez, que actos están mal y que actos están bien? Yo opino que no. Si los chimpancés son capaces del homicidio, no creo que tengan una moral clara. Sin embargo…
Mi cabeza se hace bolas una vez más. A ver. Según estoy leyendo aquí, en la red de redes, la moral es ese "conjunto de creencias y normas de una persona (no veo simios en la definición) o grupo social determinado, que ofician de guía para el obrar, es decir, orientan acerca del bien o del mal, de lo correcto y lo incorrecto de una acción". Eso lo entiendo muy bien. Lo que no entiendo muy bien es qué está mal y qué esta bien.
Sé que nuestro conjunto de valores adoptado por las sociedades occidentales es la moral judeo-cristiana. Un conjunto de leyes y normas expedidas hace ya unos cuantos años, por un pueblo originario del oriente medio, con el que poco me identifico porque nací aquí y no allá, modificadas en incontables ocasiones por unos y otros en los últimos 2.000 años y que cada uno acomoda según su conveniencia.
No vengo aquí a descubrir que el agua moja. Todos sabemos muy bien esto que estoy escribiendo. Hoy solo vine a hablar de un verbo en inglés, vilipendiado a cual más en las lejanas tierras del norte, donde la moral se la toman un poco más a pecho. El verbo to fuck.
To fuck, palabra sin un origen claro, escrita por primera vez en el S. XVI, no por Shakespeare, aunque no dudo que la haya escuchado, tiene, hoy en día, a diferencia del, tal vez, no se sabe, único que poseía en los tiempos de la reina Elizabeth, un sin fin de significados. Es una palabra que es verbo, adverbio, nombre y adjetivo. Es conjunción e interjección, todo depende del tono de voz, el lenguaje corporal y el contexto en el que se diga.
Aunque generalmente se le dé una connotación soez, no siempre es así. Así era antes, cuando la palabra era impronunciable en una casa de bien. Ahora solo es una expresión, como para lo que a nosotros, los colombianos, no puedo dar fe de otras sociedades hispanohablantes, se ha convertido la palabra marica y sus derivados.
Es evidente que los latinoamericanos somos más tranquilos y “nuestro dios” más flexible. Las ramas cristianas nacidas en los tiempos de Martín Lutero, y por culpa de él, son más rígidas. Ellos, los del norte, y no todos, obvio, aseguran que las palabras tienen peso, y con razón, ya que la cristiandad está asentada sobre la palabra.
¿Sigue lloviendo sobre mojado? Bueno, vamos al punto. Mientras toda una nación repite innumerables veces al día la palabra to fuck, esa misma nación la prohíbe y existen exageradas multas para cualquier programa radial o televisivo, en cadenas no privadas, que se atreva a decir la palabra al aire, en cualquiera de sus variantes (fuck, fucking, fucker, etc.). Los castos oídos de los niños norteamericanos no pueden escuchar semejante palabra, pero pueden ver a su presidente invocar a Dios para ir a la guerra contra un país, a todas luces, pobre y sin la capacidad bélica suficiente para defenderse. Los santos niños del norte no pueden ver un desnudo en televisión pero si pueden ver, como si fueran los fuegos artificiales del 4 de julio, a Bagdad bajo las ojivas de los misiles Tomahawk, en vivo y en directo.
Más que poner al descubierto la doble moral, digamos mejor occidental, para no apuntar con el dedo a una sola nación y para reconocer que nosotros también sufrimos de lo mismo, esta entrada del blog trata sobre la libertad.
Los chimpancés saben distinguir entre el bien y el mal. Tienen un “conjunto de normas” de convivencia, o les sería imposible vivir en sociedad. Si un chimpancé del grupo traspasa la norma es castigado severamente por el líder de la manada. Además, los chimpancés copulan, cagan, orinan y se masturban frente a los otros. Esos puntos no están estipulados en “sus normas” porque en la sociedad chimpancé eso no tiene nada de malo. Pero no son libres. Por ejemplo, en el sexo, tan importante para ellos como para nosotros, no todos pueden tener relaciones sexuales. Solo la “clase dirigente” tiene ese derecho. Eso suscita envidias y odios que desencadenen guerras de poder y, si, asesinatos.
Ahora nosotros, que poseemos la supuesta “inteligencia” y vivimos en el occidente “libre”, y no podemos siquiera decir mierda, hijueputa, marica o to fuck. La constitución de Estados Unidos, como la de Colombia, comienza con lo que ellos llaman la primera enmienda: El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios.
La violación explicita del pueblo norteamericano al primer párrafo de su propia constitución, prohibiendo el uso de la expresión to fuck, basada en la moral cristiana, no deja mucho que desear ante la supuesta libertad de los ciudadanos. Porque no solo es el gobierno el que coarta las libertades, también nuestros propios paisanos.
¿Es bueno decir fuck? Para mi es magnífico. Soy libre de decirlo y este es un país libre. Si no quiere escuchármelo decir, adelante, váyase, apague el computador, apague el televisor, no salga a la calle. También es libre de hacerlo. O también es libre de entender lo que significa libertad y tolerar.
El chimpancé es la especie animal más parecida al ser humano, genéticamente hablando. Poseemos alrededor de un 99.9% de genes que son exactos y cumplen las mismas funciones.
Que sean muy parecidos a nosotros no los hace los animales más inteligentes de la tierra, después de nosotros. De hecho, dudo que nosotros seamos los más inteligentes, si la inteligencia se mide como nosotros decimos que se mide.
El hecho de que sean tan parecidos a nosotros me deja con una pregunta: ¿Los simios sufren de moral? Sabemos que tienen sus gripas, su viruela, su paludismo. Que podemos compartir enfermedades, pero ¿será que dentro de sus primitivos cerebros habita esa vocecita que te trata de explicar, una y otra vez, que actos están mal y que actos están bien? Yo opino que no. Si los chimpancés son capaces del homicidio, no creo que tengan una moral clara. Sin embargo…
Mi cabeza se hace bolas una vez más. A ver. Según estoy leyendo aquí, en la red de redes, la moral es ese "conjunto de creencias y normas de una persona (no veo simios en la definición) o grupo social determinado, que ofician de guía para el obrar, es decir, orientan acerca del bien o del mal, de lo correcto y lo incorrecto de una acción". Eso lo entiendo muy bien. Lo que no entiendo muy bien es qué está mal y qué esta bien.
Sé que nuestro conjunto de valores adoptado por las sociedades occidentales es la moral judeo-cristiana. Un conjunto de leyes y normas expedidas hace ya unos cuantos años, por un pueblo originario del oriente medio, con el que poco me identifico porque nací aquí y no allá, modificadas en incontables ocasiones por unos y otros en los últimos 2.000 años y que cada uno acomoda según su conveniencia.
No vengo aquí a descubrir que el agua moja. Todos sabemos muy bien esto que estoy escribiendo. Hoy solo vine a hablar de un verbo en inglés, vilipendiado a cual más en las lejanas tierras del norte, donde la moral se la toman un poco más a pecho. El verbo to fuck.
To fuck, palabra sin un origen claro, escrita por primera vez en el S. XVI, no por Shakespeare, aunque no dudo que la haya escuchado, tiene, hoy en día, a diferencia del, tal vez, no se sabe, único que poseía en los tiempos de la reina Elizabeth, un sin fin de significados. Es una palabra que es verbo, adverbio, nombre y adjetivo. Es conjunción e interjección, todo depende del tono de voz, el lenguaje corporal y el contexto en el que se diga.
Aunque generalmente se le dé una connotación soez, no siempre es así. Así era antes, cuando la palabra era impronunciable en una casa de bien. Ahora solo es una expresión, como para lo que a nosotros, los colombianos, no puedo dar fe de otras sociedades hispanohablantes, se ha convertido la palabra marica y sus derivados.
Es evidente que los latinoamericanos somos más tranquilos y “nuestro dios” más flexible. Las ramas cristianas nacidas en los tiempos de Martín Lutero, y por culpa de él, son más rígidas. Ellos, los del norte, y no todos, obvio, aseguran que las palabras tienen peso, y con razón, ya que la cristiandad está asentada sobre la palabra.
¿Sigue lloviendo sobre mojado? Bueno, vamos al punto. Mientras toda una nación repite innumerables veces al día la palabra to fuck, esa misma nación la prohíbe y existen exageradas multas para cualquier programa radial o televisivo, en cadenas no privadas, que se atreva a decir la palabra al aire, en cualquiera de sus variantes (fuck, fucking, fucker, etc.). Los castos oídos de los niños norteamericanos no pueden escuchar semejante palabra, pero pueden ver a su presidente invocar a Dios para ir a la guerra contra un país, a todas luces, pobre y sin la capacidad bélica suficiente para defenderse. Los santos niños del norte no pueden ver un desnudo en televisión pero si pueden ver, como si fueran los fuegos artificiales del 4 de julio, a Bagdad bajo las ojivas de los misiles Tomahawk, en vivo y en directo.
Más que poner al descubierto la doble moral, digamos mejor occidental, para no apuntar con el dedo a una sola nación y para reconocer que nosotros también sufrimos de lo mismo, esta entrada del blog trata sobre la libertad.
Los chimpancés saben distinguir entre el bien y el mal. Tienen un “conjunto de normas” de convivencia, o les sería imposible vivir en sociedad. Si un chimpancé del grupo traspasa la norma es castigado severamente por el líder de la manada. Además, los chimpancés copulan, cagan, orinan y se masturban frente a los otros. Esos puntos no están estipulados en “sus normas” porque en la sociedad chimpancé eso no tiene nada de malo. Pero no son libres. Por ejemplo, en el sexo, tan importante para ellos como para nosotros, no todos pueden tener relaciones sexuales. Solo la “clase dirigente” tiene ese derecho. Eso suscita envidias y odios que desencadenen guerras de poder y, si, asesinatos.
Ahora nosotros, que poseemos la supuesta “inteligencia” y vivimos en el occidente “libre”, y no podemos siquiera decir mierda, hijueputa, marica o to fuck. La constitución de Estados Unidos, como la de Colombia, comienza con lo que ellos llaman la primera enmienda: El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios.
La violación explicita del pueblo norteamericano al primer párrafo de su propia constitución, prohibiendo el uso de la expresión to fuck, basada en la moral cristiana, no deja mucho que desear ante la supuesta libertad de los ciudadanos. Porque no solo es el gobierno el que coarta las libertades, también nuestros propios paisanos.
¿Es bueno decir fuck? Para mi es magnífico. Soy libre de decirlo y este es un país libre. Si no quiere escuchármelo decir, adelante, váyase, apague el computador, apague el televisor, no salga a la calle. También es libre de hacerlo. O también es libre de entender lo que significa libertad y tolerar.