miércoles, 24 de diciembre de 2008

To Fuck

No fue una sorpresa. Es de ese tipo de cosas que sabes desde siempre, como que los perros piensan. Lo sabes porque lo ves en su mirada, en la forma como se detienen por una fracción de minuto ante dos estímulos igualmente buenos (una caricia o comida). Simplemente lo sabes. Así es que cuando vi en algún documental de Animal Planet que los chimpancés cometían asesinatos por razones políticas, no me sorprendió.

El chimpancé es la especie animal más parecida al ser humano, genéticamente hablando. Poseemos alrededor de un 99.9% de genes que son exactos y cumplen las mismas funciones.

Que sean muy parecidos a nosotros no los hace los animales más inteligentes de la tierra, después de nosotros. De hecho, dudo que nosotros seamos los más inteligentes, si la inteligencia se mide como nosotros decimos que se mide.

El hecho de que sean tan parecidos a nosotros me deja con una pregunta: ¿Los simios sufren de moral? Sabemos que tienen sus gripas, su viruela, su paludismo. Que podemos compartir enfermedades, pero ¿será que dentro de sus primitivos cerebros habita esa vocecita que te trata de explicar, una y otra vez, que actos están mal y que actos están bien? Yo opino que no. Si los chimpancés son capaces del homicidio, no creo que tengan una moral clara. Sin embargo…

Mi cabeza se hace bolas una vez más. A ver. Según estoy leyendo aquí, en la red de redes, la moral es ese "conjunto de creencias y normas de una persona (no veo simios en la definición) o grupo social determinado, que ofician de guía para el obrar, es decir, orientan acerca del bien o del mal, de lo correcto y lo incorrecto de una acción". Eso lo entiendo muy bien. Lo que no entiendo muy bien es qué está mal y qué esta bien.

Sé que nuestro conjunto de valores adoptado por las sociedades occidentales es la moral judeo-cristiana. Un conjunto de leyes y normas expedidas hace ya unos cuantos años, por un pueblo originario del oriente medio, con el que poco me identifico porque nací aquí y no allá, modificadas en incontables ocasiones por unos y otros en los últimos 2.000 años y que cada uno acomoda según su conveniencia.

No vengo aquí a descubrir que el agua moja. Todos sabemos muy bien esto que estoy escribiendo. Hoy solo vine a hablar de un verbo en inglés, vilipendiado a cual más en las lejanas tierras del norte, donde la moral se la toman un poco más a pecho. El verbo to fuck.

To fuck, palabra sin un origen claro, escrita por primera vez en el S. XVI, no por Shakespeare, aunque no dudo que la haya escuchado, tiene, hoy en día, a diferencia del, tal vez, no se sabe, único que poseía en los tiempos de la reina Elizabeth, un sin fin de significados. Es una palabra que es verbo, adverbio, nombre y adjetivo. Es conjunción e interjección, todo depende del tono de voz, el lenguaje corporal y el contexto en el que se diga.

Aunque generalmente se le dé una connotación soez, no siempre es así. Así era antes, cuando la palabra era impronunciable en una casa de bien. Ahora solo es una expresión, como para lo que a nosotros, los colombianos, no puedo dar fe de otras sociedades hispanohablantes, se ha convertido la palabra marica y sus derivados.

Es evidente que los latinoamericanos somos más tranquilos y “nuestro dios” más flexible. Las ramas cristianas nacidas en los tiempos de Martín Lutero, y por culpa de él, son más rígidas. Ellos, los del norte, y no todos, obvio, aseguran que las palabras tienen peso, y con razón, ya que la cristiandad está asentada sobre la palabra.

¿Sigue lloviendo sobre mojado? Bueno, vamos al punto. Mientras toda una nación repite innumerables veces al día la palabra to fuck, esa misma nación la prohíbe y existen exageradas multas para cualquier programa radial o televisivo, en cadenas no privadas, que se atreva a decir la palabra al aire, en cualquiera de sus variantes (fuck, fucking, fucker, etc.). Los castos oídos de los niños norteamericanos no pueden escuchar semejante palabra, pero pueden ver a su presidente invocar a Dios para ir a la guerra contra un país, a todas luces, pobre y sin la capacidad bélica suficiente para defenderse. Los santos niños del norte no pueden ver un desnudo en televisión pero si pueden ver, como si fueran los fuegos artificiales del 4 de julio, a Bagdad bajo las ojivas de los misiles Tomahawk, en vivo y en directo.

Más que poner al descubierto la doble moral, digamos mejor occidental, para no apuntar con el dedo a una sola nación y para reconocer que nosotros también sufrimos de lo mismo, esta entrada del blog trata sobre la libertad.

Los chimpancés saben distinguir entre el bien y el mal. Tienen un “conjunto de normas” de convivencia, o les sería imposible vivir en sociedad. Si un chimpancé del grupo traspasa la norma es castigado severamente por el líder de la manada. Además, los chimpancés copulan, cagan, orinan y se masturban frente a los otros. Esos puntos no están estipulados en “sus normas” porque en la sociedad chimpancé eso no tiene nada de malo. Pero no son libres. Por ejemplo, en el sexo, tan importante para ellos como para nosotros, no todos pueden tener relaciones sexuales. Solo la “clase dirigente” tiene ese derecho. Eso suscita envidias y odios que desencadenen guerras de poder y, si, asesinatos.

Ahora nosotros, que poseemos la supuesta “inteligencia” y vivimos en el occidente “libre”, y no podemos siquiera decir mierda, hijueputa, marica o to fuck. La constitución de Estados Unidos, como la de Colombia, comienza con lo que ellos llaman la primera enmienda: El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios.

La violación explicita del pueblo norteamericano al primer párrafo de su propia constitución, prohibiendo el uso de la expresión to fuck, basada en la moral cristiana, no deja mucho que desear ante la supuesta libertad de los ciudadanos. Porque no solo es el gobierno el que coarta las libertades, también nuestros propios paisanos.

¿Es bueno decir fuck? Para mi es magnífico. Soy libre de decirlo y este es un país libre. Si no quiere escuchármelo decir, adelante, váyase, apague el computador, apague el televisor, no salga a la calle. También es libre de hacerlo. O también es libre de entender lo que significa libertad y tolerar.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Natividad, Primera Parte.

En esta época de presentes y coníferas adornadas, de nacimientos diminutos de ovejas plásticas y música guapachosa, de novenas y promesas difíciles de cumplir, de tios borrachos y voladores lejanos, es pertinente escribir un poco sobre el supuesto nacimiento histórico de Jesus de Nazareth, el 25 de diciembre del primer año de esta era, de los mitos al rededor de él y de cómo afecta esto a nuestro vivir cotidiano.

Empecemos, pues, a contar algunas anécdotas históricas acerca de la navidad. A los 35 años de edad, Wynfrith, un monje inglés, tomó camino hacia el norte. Era el inicio del octavo siglo de la era del Señor y el norte estaba plagado de pueblos no conversos al cristianismo, paganos que se atrevían, en contra de lo que estipulaba el imperio, a adorar a sus dioses ancestrales. Así que Wynfrith (o Bonifacius en latín, que significa "aquel que hace el bien") viajó muchos cientos de kilómetros, en burro o caballo, hasta las frías tierras del norte, donde moraba el pueblo vikingo. Tenía el firme propósito de salvarlos doblemente: de sus falsos dioses y de la ira divina del dios verdadero.

Una vez en el norte, observó, no sin horror, que estos salvajes adoraban al sol naciente, en la figura de Frey, hijo de Njörðr y hermano de Freyja. En su honor, se realizaba una festividad a finales de diciembre donde se adornaba un árbol, que representaba al universo (el Yggdrasil), en cuya punta moraban los dioses y en sus raíces se encontraba el reino de los muertos.

Fue así como San Bonifacio, una fría mañana de diciembre, derribó el árbol y en su lugar plantó un pino, que consideró más adecuado por ser de hojas perennes. Lo adornó con manzanas y velas, representando las primeras el pecado original y las segundas la luz de Jesucristo. Lo que no se le ocurrió a San Bonifacio fue que con este acto, no hacía más que perpetuar una tradición pagana.

Y es que el catolicismo (y por ende todas sus ramificaciones cristianas), así sea difícil de digerir para los más creyentes, está plagado de tradiciones paganas. Una de las tradiciones que mejor ejemplifica esto es la del nacimiento de Jesus de Nazareth. Empecemos por aquí. Hacia el S. VIII, un monje llamado Dionisio Exiguus (nótese el origen pagano de su nombre) fue encargado, por el canciller papal, de calcular con exactitud la fecha del nacimiento de Jesús, onomástico que nadie conocía (y que aún, hoy en día, no se conoce) y de la pascua. El cálculo errado del monje concluyó que había nacido hacia la fecha que todos damos por sentada. Pero en realidad, Cristo nació entre cinco y siete años antes, y no un 25 de diciembre. Tarde se descubrió el error y como la mayoría del mundo cristiano ya había adoptado esta fecha, cambiarla hubiera sido un chicharrón de proporciones bíblicas.

¿En que se basó nuestro héroe Dionisio para dar esta fecha del 25 de diciembre? Nadie lo sabe. Pero hay algo que si se sabe: no solo Cristo nació un 25 de diciembre, ni fue el único de nacer de una virgen:
  • Buddha, que nació al rededor del S. V antes de Cristo, nació de la virgen Maya y fue llamado durante su vida como "el buen pastor".
  • Krishna, Nacido también de una virgen, Devaki, fue perseguido durante su niñez por un tirano que ordenó matar a miles de niños para encontrarlo.
  • Mitra, dios del sol persa, cuyo mito era contado 600 años antes del nacimiento de cristo, nació de una virgen un 25 de diciembre. Era llamado "el buen pastor", "el camino, la verdad y la luz" y "el redentor". Contaba con 12 apóstoles y al morir fue enterrado pero resucitó al tercer día.
  • Horus, Dios del disco solar egipcio, representado con forma humana y cabeza de halcón, nació de una virgen un 25 de diciembre, más de 2.000 años antes de Jesus. Llamado como "salvador", "hijo de Dios", "pastor", "el camino, la verdad y la luz" y "Krst" que significaba el ungido. Contaba con 12 dicípulos. Al morir, resucitó al tercer día.
¿Casualidad? Difícil de creer. Durante siglos, la maquinaria papal se ha encargado de borrar con vehemencia los vestigios de estas religiones antiguas. El motivo podría ser que no es conveniente que sepamos la realidad del personaje mítico de Jesus.

Antes del S. III nadie celebraba el nacimiento de Jesus. Dejando a un lado las fechas de nacimiento de tantas personalidades divinas, lo más probable es que los cristianos del S. III se apropiaran de una fiesta pagana romana celebrada el 25 de diciembre y la convirtieran en fiesta cristiana. Esta fiesta era el Dies Natalis Solis Invicti, día del nacimiento del sol invicto, una fiesta pagana y relacionada directamente al culto del sol, del cual son representación la mayoría de dioses que nacieron en esa misma fecha (por ejemplo Horus y Mitra). De aquí se desprende una pregunta insólita: ¿Será posible que para los primeros cristianos Jesus representara al sol?

Zeitgeist

Hace algo más de 2 milones de años, el primer homínido del género Homo apareció en las planicies africanas. Fue el famoso Homo Habilis, hombre habilidoso, creador de la primera herramienta de piedra. Desde entonces, la historia del hombre ha estado ligada a los descubrimientos y los inventos, pilares del desarrollo de las sociedades.

1'600.000 años, ese es el tiempo que tuvo que transcurrir entre la primera herramienta y el primer fuego bajo control humano. Y 396.500 años entre ese primer fuego controlado y la primera rueda. Entre la rueda y el invento, digamos, del telescopio pasaron 5.000 años. Del telescopio a la electricidad, al rededor de 350 años. De la electricidad a la internet, tan solo 110 años. De la internet al ipod, solo 30 años.

El mundo en que vivimos es cada vez más rápido, más vertiginoso. Todos los días, en la actualidad, hombres y mujeres corren de sus casas al trabajo y del trabajo a sus casas, en una rutina de nunca acabar. Hace tan solo 500.000 años (muy poco tiempo en la escala universal) estábamos sentados al rededor del fuego, contándonos cosas, haciendo planes y preguntándonos de donde veníamos. Ahora a nadie le importa de donde venimos, mientras tengamos a Latinoamerican Idol en la tv y una hipoteca que pagar. Cada vez las sociedades se hacen más y más complejas, pero el hombre no cambia su escencia: sexo y guerra. Estas dos características humanas son la manifestación directa del animal, del mamífero, que aún somos. Reproducción y supervivencia. Las bases de la evolución.

Obviamente estamos muy lejos de ser ese primer homínido que chocó dos piedras para darles forma. Nuestra sociedad, nuestra civilización, a la que nos empecinamos en llamar "avanzada", nuestra forma de ver la vida y el universo, es muy diferente de aquellas sociedades, "casi animales", que nos precedieron. ¿En qué radica esa diferencia? Buena pregunta, aunque parezca fácil de responder, no lo es tanto y ese es el tema de este blog.

Genius Tempore, Zeitgeist, the spirit of the time... ¿Cuánto hay de humano, de animal, aún en nosotros y en nuestra dinámica social? ¿En qué nos metimos?