Bogotá, Colombia. 9:55 Pm. InVitro Bar. El cielo está nublado desde donde puedo ver, en aquel cubículo despejado de techo donde los fumadores, que somos tantos, nos apiñamos para exhalar algo de humo mientras intentamos no quemar el codo del que está al lado. Sentado en esa banca de piedra gris escucho la voz de mi amiga que me habla a los gritos, intentando domar la música estridente. Yo miro el humo que se pierde en la atmósfera, no solo el mío, el de tantos pitillos acumulados en tan poco espacio. Discierno una palabra entre tanta Bomba Estéreo. CALIFORNICATION. La miro a los ojos, inquisitivo.
Nunca he sido bueno para las series de TV. Siempre me las pierdo por más interés que les coja y no por una postura pseudointelectual típica, de esas que subestiman la TV, los videojuegos y las películas de Cameron, sino porque, de manera extraña, el tiempo para mi es paradójico y no tiene mucho sentido. Si no fuera este un pueblo, como todas las ciudades de nuestro país, y tal vez de nuestra América Latina, no diferenciaría un domingo de un miércoles. Nunca sé que día ni a qué hora las transmiten y me pierdo las emisiones. Así que me resigno a ver televisión en modo "random", a lo que caiga, al "zapping" eterno. Pero desde que la Internet empezó a publicar los episodios, soy feliz.
Mi amiga, habló de Californication. Me dijo que me iba a gustar. Que se trataba de un escritor. De los que sacan un solo libro bueno y caen en el Samsara. De los que son alcohólicos y locos. De los devora-mujeres. De los importa-culistas. De los que odian su vida y a si mismos. De los que fuman una cajetilla por hora. De los estancados. De los caídos. De los que no se bañan. De los que tienen siempre a la mano una botella de Jack Daniels. De los que malcrían a sus hijas. De los noctámbulos. De los que se levantan por la tarde. Me dijo que me gustaría.
Bueno, llevo 20 minutos del piloto. Este tipo, un tal Hank, se ha comido ya a 3 chicas. Soñó con una monja. Se tomó una botella entera de Whiskey. Se fumó unas 3 cajetillas de Marlboro. Entró a una librería y se levantó a una nena super sexy. Condujo un Porche por las calles de Los Ángeles. Su hija encontró una chica desnuda en su habitación.
Creo que lo único que faltó para completar el cuadro es una ventana. una ventana que da a la ciudad. Por ella entra una luz violeta intermitente. Un cenicero lleno de colillas y nuestro héroe mirando por la ventana con el portátil abierto en una página en blanco de un procesador de palabras desconocido (Mostrar el Word en TV sería una grave ofensa a los derechos de autor de Microsoft y al mismísimo Bill, que vomitaría si supiese que uno de sus puros artículos se cuela en una serie donde se fornica en forma).
Creo que los que escriben este tipo de series necesitan urgentemente hacer un par de cosas. La primera sería conocer a Germán Arciniegas, Julio Cortázar o a Carlos Fuentes. En seguida se darían cuenta de que los escritores, muy al contrario de los que cunde en los imaginarios colectivos, son personas aburridas, profesores universitarios casados que se la pasan más leyendo, o corrigiendo parciales, que fornicando.
Segundo, creo que necesitan leer, vivir un poco más. Tal vez eso les de ideas un poco más originales que esa visión cerrada del escritor al mejor estilo de Henry Miller. Sin embargo, vamos a ser un poco condescendientes con los pobres escritores de estas series sobre escritores literarios. Ellos solo escriben lo que se vende, lo que el público quiere ver. No de otra manera lo transmitiría Warner. La culpa es del público, que se deja deslumbrar por el sexo en TV, porque sienten envidia, aún, por este tipo de personajes, oscuros, caídos, lujuriosos, todo lo que ellos no son sentados en sus oficinas estrechas, en sus cubículos, con el trabajo hasta el cuello. En ese sentido, muchas de las series de televisión, las películas y los libros tienen la misma función del porno: Darle una ilusión (al mejor sentido psiquiátrico) al espectador, meterlo dentro de los zapatos de un personaje imposible.
Genius Tempore
Blog de discusión sobre dinámica social y comportamiento humano desde la mirada de un ser humano cualquiera que, simplemente, no está satisfecho con las respuestas convencionales que nos da la tradición, las instituciones y los medios. ¿De dónde viene nuestra cultura? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es, realmente, el espíritu de nuestra época?
viernes, 10 de septiembre de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
Reflexiones Alrededor de una hormona (1)
Desafortunadamente, para las ciencias, existe una guerra que todos conocemos. Y aunque no hay balas ni muertes (entre comillas), ni material bélico de ningún tipo. Pero hay palabras e improperios a granel, debates sin fin, protestas y no se cuantas más formas de vilipendio. Esta guerra es la de las ciencias sociales contra las biológicas, guerra nefasta que atrasa el conocimiento de la naturaleza humana y lleva a la gente del común a el error constante.
Pero la realidad se distancia mucho de lo que la gente desea, a lo que, como humanos, deseamos que sea el mundo. Y si me preguntan, la naturaleza es "facha". Lo que quieren las células está muy lejos de lo que queremos nosotros: ellas solo buscan la supervivencia de la vida por encima de la supervivencia individual. Por esto, la reproducción es el centro de la vida, al ser la única vía de perpetuación de la vida, más allá de la muerte individual. No podemos olvidar que no somos un ser individual sino una colonia de células y que cada una de ellas tiene una vida independiente de la nuestra, que viven en y para una comunidad. Ellas actúan según su oficio dentro del cuerpo, aportan lo suyo, con el único objetivo de asegurar la supervivencia de la colonia. Es por ello que a una célula del páncreas no le preocupa, aunque podría afectarle en cierta medida, las deudas, las decepciones amorosas o los partidos de fútbol, así como nosotros no tenemos que pensar en la dosis exacta de insulina que ella tiene que segregar. Las células de nuestro cuerpo llevan vidas independientes aunque lo que nos afecta les afecte a ellas y viceversa. Es más, posiblemente ellas tengan consciencia: no se puede descartar a pesar de no haberse podido comprobar.
En un pasado remoto, las células vivían independientemente en los mares antiguos, pero descubrieron que juntándose en colonias podrían sobrevivir más fácil. Así comenzaron los organismos pluricelulares. Entre más complejos estos organismos, las células se hicieron más especializadas, con tareas específicas para mejorar la supervivencia y la competitividad de los organismos que formaban, como una ciudad donde sus habitantes trabajan para su mejor funcionamiento.
Millones de años de evolución han perfeccionado estas comunidades celulares hasta crear organismos impresionantes y complejos, como nosotros los humanos. Y algo que han perfeccionado al máximo es la habilidad de los organismos para reproducirse y fortalecer sus características de supervivencia y adaptabilidad. Y perfeccionar esto se logra mezclando el ADN.
La mezcla de ADN es la mejor herramienta de la evolución. Provee a la estructura del ADN de nuevas características, nuevas formas y facultades que pueden hacer que un organismo sea más competitivo ante las condiciones cambiantes de la tierra. Para un organismo, la mezcla se logra durante la reproducción, al mezclar combinaciones diferentes de genes con sujetos variados. Ahí es donde las hormonas entran en acción.
Nosotros, como individuos, solo sentimos impulsos, emociones que son evaluados por la razón. El resultado de esta evaluación es la acción. Actuamos según esa mezcla de sensaciones y racionamientos. Lo que sentimos es poderoso, tanto que a veces la razón no es suficiente para detener nuestras acciones a pesar de claros mensajes de peligro o de transgresión de límites morales y sociales. A las células les importa muy poco la moral o la sociedad. Ellas actúan según lo que están programadas a hacer para obtener los mejores resultados para la supervivencia.
En el caso del sexo se han detectado, no solo en humanos, varias hormonas que median en el impulso sexual. Dos son bastante importantes: La testosterona y la Vasopresina.
La testosterona, la hormona masculina que todos conocemos, se produce en los hombres en los testículos y en la mujer, en menor cantidad, en los ovarios y las glándulas adrenales, a partir del colesterol. Además de hacer la diferenciación sexual en los fetos y de darle caracteres sexuales a los adolescentes masculinos, es la hormona del deseo sexual tanto en hombres como mujeres. A más testosterona circulando, más deseo sexual. Los hombres producimos constantemente grandes cantidades de testosterona, lo que nos mantiene en un estado permanente de deseo. Las mujeres producen menos y está ligada a una ciclicidad.
La vasopresina u Hormona Antidiurética, se produce en la hipófisis y está encargada, entre otras, de mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Sin ella, nos la pasaríamos orinando. Pero estudios recientes indican que ciertas variedades de vasopresina pueden hacer que los individuos tiendan a la monogamia o a la poligamia. Y, oh sorpresa, la variedad que hace tender a la poligamia se encuentra mayoritaria mente en los hombres.
Aunque para muchos (y muchas), esto puede llegar a ser un discurso de "disculpa", no es tal: Estas diferencias no son gratis. Evolutivamente, biológicamente, es mejor que los hombres sean seres arrechos y polígamos y las mujeres seres tiernos y monógamos. esto se puede ver en la mayoría de especies, especialmente en los mamíferos, grupo al cual pertenecemos. Ellas, al estar encargadas de parir y velar por las crías, buscan la estabilidad que les asegure que mientras ellas crían tengan lo necesario para vivir y para mantener al retoño. Ellos, en cambio, son los "encargados" de mezclar los genes y proveer a la evolución de nuevas combinaciones para crear características fuertes e importantes en los seres que los hagan más competitivos.
En la próxima entrega: La guerra entre la biología y las ciencias humanas. ¿Qué sería de todo este enfrentamiento si unos se escucharan a otros?
Pero la realidad se distancia mucho de lo que la gente desea, a lo que, como humanos, deseamos que sea el mundo. Y si me preguntan, la naturaleza es "facha". Lo que quieren las células está muy lejos de lo que queremos nosotros: ellas solo buscan la supervivencia de la vida por encima de la supervivencia individual. Por esto, la reproducción es el centro de la vida, al ser la única vía de perpetuación de la vida, más allá de la muerte individual. No podemos olvidar que no somos un ser individual sino una colonia de células y que cada una de ellas tiene una vida independiente de la nuestra, que viven en y para una comunidad. Ellas actúan según su oficio dentro del cuerpo, aportan lo suyo, con el único objetivo de asegurar la supervivencia de la colonia. Es por ello que a una célula del páncreas no le preocupa, aunque podría afectarle en cierta medida, las deudas, las decepciones amorosas o los partidos de fútbol, así como nosotros no tenemos que pensar en la dosis exacta de insulina que ella tiene que segregar. Las células de nuestro cuerpo llevan vidas independientes aunque lo que nos afecta les afecte a ellas y viceversa. Es más, posiblemente ellas tengan consciencia: no se puede descartar a pesar de no haberse podido comprobar.
En un pasado remoto, las células vivían independientemente en los mares antiguos, pero descubrieron que juntándose en colonias podrían sobrevivir más fácil. Así comenzaron los organismos pluricelulares. Entre más complejos estos organismos, las células se hicieron más especializadas, con tareas específicas para mejorar la supervivencia y la competitividad de los organismos que formaban, como una ciudad donde sus habitantes trabajan para su mejor funcionamiento.
Millones de años de evolución han perfeccionado estas comunidades celulares hasta crear organismos impresionantes y complejos, como nosotros los humanos. Y algo que han perfeccionado al máximo es la habilidad de los organismos para reproducirse y fortalecer sus características de supervivencia y adaptabilidad. Y perfeccionar esto se logra mezclando el ADN.
La mezcla de ADN es la mejor herramienta de la evolución. Provee a la estructura del ADN de nuevas características, nuevas formas y facultades que pueden hacer que un organismo sea más competitivo ante las condiciones cambiantes de la tierra. Para un organismo, la mezcla se logra durante la reproducción, al mezclar combinaciones diferentes de genes con sujetos variados. Ahí es donde las hormonas entran en acción.
Nosotros, como individuos, solo sentimos impulsos, emociones que son evaluados por la razón. El resultado de esta evaluación es la acción. Actuamos según esa mezcla de sensaciones y racionamientos. Lo que sentimos es poderoso, tanto que a veces la razón no es suficiente para detener nuestras acciones a pesar de claros mensajes de peligro o de transgresión de límites morales y sociales. A las células les importa muy poco la moral o la sociedad. Ellas actúan según lo que están programadas a hacer para obtener los mejores resultados para la supervivencia.
En el caso del sexo se han detectado, no solo en humanos, varias hormonas que median en el impulso sexual. Dos son bastante importantes: La testosterona y la Vasopresina.
La testosterona, la hormona masculina que todos conocemos, se produce en los hombres en los testículos y en la mujer, en menor cantidad, en los ovarios y las glándulas adrenales, a partir del colesterol. Además de hacer la diferenciación sexual en los fetos y de darle caracteres sexuales a los adolescentes masculinos, es la hormona del deseo sexual tanto en hombres como mujeres. A más testosterona circulando, más deseo sexual. Los hombres producimos constantemente grandes cantidades de testosterona, lo que nos mantiene en un estado permanente de deseo. Las mujeres producen menos y está ligada a una ciclicidad.
La vasopresina u Hormona Antidiurética, se produce en la hipófisis y está encargada, entre otras, de mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Sin ella, nos la pasaríamos orinando. Pero estudios recientes indican que ciertas variedades de vasopresina pueden hacer que los individuos tiendan a la monogamia o a la poligamia. Y, oh sorpresa, la variedad que hace tender a la poligamia se encuentra mayoritaria mente en los hombres.
Aunque para muchos (y muchas), esto puede llegar a ser un discurso de "disculpa", no es tal: Estas diferencias no son gratis. Evolutivamente, biológicamente, es mejor que los hombres sean seres arrechos y polígamos y las mujeres seres tiernos y monógamos. esto se puede ver en la mayoría de especies, especialmente en los mamíferos, grupo al cual pertenecemos. Ellas, al estar encargadas de parir y velar por las crías, buscan la estabilidad que les asegure que mientras ellas crían tengan lo necesario para vivir y para mantener al retoño. Ellos, en cambio, son los "encargados" de mezclar los genes y proveer a la evolución de nuevas combinaciones para crear características fuertes e importantes en los seres que los hagan más competitivos.
En la próxima entrega: La guerra entre la biología y las ciencias humanas. ¿Qué sería de todo este enfrentamiento si unos se escucharan a otros?
jueves, 24 de septiembre de 2009
¿Chisme?
Una amiga siempre dice: las mujeres somos el cable a tierra de los hombres. Tiene razón. Ellas ahí tan en la tierra, nosotros niños siempre, siempre con la cabeza en las nubes. ¿Qué gracia le pueden encontrar al mundo cuando tienen que arrastrar con el peso de nosotros también? Pero esto de que sean más conscientes de sus mecanismos inconscientes (cosa que dudo mucho, pues no creo que haya diferencia entre nosotros y ustedes en este aspecto) y el hecho de que vean la realidad "tal como es" no creo que estén ligados.
En este punto entraríamos en la vieja y no solucionada cuestión de qué es la realidad. En mi opinión no vale la pena discutirlo (mi religión no me lo permite). Para mi (y otros muchos), que he estudiado los intrincados, y en gran medida incomprendidos, procesos cerebrales que nos llevan a ser lo que somos y a descifrar esa "realidad", es imposible percibir la realidad tal como es, para ellas como para ellos. La realidad es algo inventado por el cerebro. Es tan solo la pobre interpretación que da el cerebro de la información que llega a través de los sentidos. En pocas palabras, la realidad es una invención humana.
Así que, características típicamente atribuídas a las mujeres como "tener los pies en la tierra" o "ser chismosas" son solo imposiciones sociales, chismes, tal vez, de otras épocas más machistas, si se quiere. En algunas tradiciones sociales (y la occidental a la cabeza), donde la mujer durante siglos fue excluida de la vida política y religiosa y relegada a la administración de la casa y la cocina, ellas hablaban entre sí, de lo que conocían. De sus vidas, de lo que sabían de las vidas de sus maridos y vecinos, y de lo que harían ellas, a su parecer, mejor que ellos. De ahí nace el mito del chisme, dado por el hombre, ya que este creía tener conversaciones más "altas" de filosofía, historia y política.
Afortunadamente la sociedad ha cambiado y cada vez más nuestras conversaciones serán más parecidas, a la manera que nuestras hormonas, y su influencia en el cerebro, nos lo permitan. Ahora todos somos chismosos o tenemos conversaciones profundas. Nada que hacer. El chisme es un mito.
jueves, 29 de enero de 2009
Intolerancia, Primera Parte
Después de sacar su película, de 1915, The Birth of a Nation, Griffith se tapó hasta las orejas en pésimas críticas. Y no por la hechura misma de la película, que fue impecable, hasta el punto de pasar a la historia como un hito de la narrativa cinematográfica y sentar las bases que rigen ahora el quehacer narrativo del cine moderno. Fue el contenido, el fondo de la película, donde se presenta, en el marco de la guerra civil norteamericana, al Ku Klux Klan como los heroes de la jornada y al negro como la plaga a exterminar.
Griffith se defendió, argumentando que su filme fue mal interpretado. Y para demostrar "su inocencia", en su siguiente película, Intolerance, intentó reinvindicar su imagen contando 4 historias de intolerancia a través de la historia. Gastó más de dos millones de dólares, una cifra enorme para la época, en una película extremadamente larga y aburrida, que no tuvo ningún éxito comercial.
Pero ya sabemos. Después de esta película, y al rededor de dos siglos desde la redacción de la Carta Universal de los Derechos del Hombre, el mundo, y especialmente EEUU y Europa, se sumió en in abismo de intolerancia racial, religiosa y sexista, que aún persiste.
Esto último es lo más inquietante, que persista. Ya se puede entender (o no, pero se perdona, que es historia) que durante las guerras mundiales o mejor, antes de los 60's, existiera xenofobia, clasismo, racismo, machismo. Pero, por dios!! ¿En pleno S. XXI? Eso si que es increible.
Dos ejemplos clave que en estos momentos se comentan fuertemente. El primero, el ataque brutal que recibió un Colombiano en New Jersey, donde fue abordado por varios jóvenes de raza negra y molido a palos mientras le gritaban: hispano hijo de puta, terminando en una unidad de cuidados intensivos. Acá, los Colombianos, indignados, comentan en los foros de los principales periódicos online del país que se debe hacer justicia, que esto no puede pasar en un país como EEUU. Pero, mientras tanto, ironías de la vida, esos mismos "colombianos de bien" que comentan la atrocidad, colocan en el foro de la noticia de la igualdad de derechos para las parejas homosexuales, que el estado está haciendo un gran error al "aprobar estas perversiones y aberraciones".
Es triste ver como Colombia aún está sumida en un pensamiento anticuado y contrario al espíritu de la época. Y no solo Colombia. Es un movimiento mundial que toma fuerza. Son muchas las cosas que estos tristes defensores de la "moral y las buenas costumbres" no toman en cuenta para hacer sus livianos comentarios. Tal vez nadie les dijo, o no ven televisión ni leen periódicos ni revistas ni libros, o sus padres, profesores, párrocos les prohibieron pensar o leer, o les llenaron la cabeza de un sin fin de cucarachas, ideas locas, pensamientos "correctos" y sentencias morales, que la homosexualidad existe desde que existen animales sexuados sobre la superficie del planeta.
Solo para citar un ejemplo, el Bonobo o Chimpancé Pigmeo, especie africana que vive en sociedades matriarcales muy complejas, y que practican un sexo libre y, al parecer, más unido al placer sexual que a la reproducción, aunque ésta aún sea parte escencial, tienen varias practicas que podrían ser consideradas "homosexuales". Masturbación mutua entre individuos masculinos, sexo oral entre hembras, y todas las posibilidades conocidas de sexualidad entre miembros del mismo género. Es obvio que estos primates, que poseen un 99% de genes iguales a los de los seres humanos, nunca se ponen a pensar, a pesar que es evidente que piensan, si son homosexuales o no. Lo único que sienten es placer.
Ya en varias cuevas, las prácticas homosexuales se hacen evidentes en pinturas rupestres que datan de hace, por lo menos, 8.000 años de antiguedad. La bisexualidad, como en los Bonobos, creció con la humanidad. En la antiguedad no existía la diferenciación social entre heterosexuales y homosexuales. Existía, eso si, una diferenciación entre la actividad o la pasividad en el acto sexual (dador y receptor), que era relacionado con la masculinidad o femeneidad del individuo, sin importar su género.
La primera civilización urbana, los Sumerios (3.000 AC), practicaba la bisexualidad abiertamente. De hecho, existían sacerdotes llamados Assinu, u "hombre útero", abiertamente homosexuales. Los Babilonios (2.100 AC) practicaban la homosexualidad de manera corriente y sin considerarse anormal. Hasta en la historia épica escrita más antigua que se conoce, el Gilgamesh, hay una escena erótica entre el héroe y su amigo Enkidu. La prostitución sagrada ritual, tanto de hombres como de mujeres era bien vista por estas sociedades. Los datos para el antiguo egipto son ambiguos, sin poderse constatar el pensamiento de ese pueblo ante la homosexualidad. Pero para los Asirios (2.400 AC), la homosexualidad era penalizada legalmente con sodomización y castración.
Para las antiguas Grecia y Roma las cosas eran muy diferentes. Desde los inicios de la cultura griega, la pederastia homosexual era costumbre bien vista. Se trataba de la relación entre un hombre maduro (erastés o amante) y un mancebo adolecente (erómeno o amado). Normalmente el amante era el tutor del amado, responsable de la educación y el entrenamiento militar del muchacho. Estas relaciones no reemplazaban al matrimonio heterosexual sino que ocurrían simultaneamente, estando bien que el hombre casado tuviera mejor o mejores amigos con los que realizar actos eróticos. Es el caso, ocultado por la moral trasnochada hollywoodense, del héroe Aquiles. Cuenta Homero en su Iliada, como Héctor, héroe troyano, da muerte a Patroclo, el amigo íntimo de Aquiles, pensando que se trataba del mismo Aquiles, lo que desencadena la furia del pélida, furia nefasta para los Griegos, según el bardo, y tema central de la historia. La relación de Aquiles y Patroclo era de amistad y amor, eso incluía el plano sexual. Se sabe que Alejandro Magno sostenía una relación similar a la de Aquiles con Patroclo.
La homosexualidad femenina no era tan común como la masculina pero existía; constancia de ella se encuentra en las obras de Safo y en las Bacantes. A las homosexuales mujeres se les llamaba Tríbada, o "frotadora".
En Roma, durante la república, la homosexualidad era considerada como una perversión griega, hasta la llegada del Imperio, donde se aceptó como normal. De hecho se sabe que la mayoría de los Césares tenían relaciones sexuales con esclavos, donde este último adoptaba un papel pasivo. De hecho, los primeros matrimonios entre hombres se registraron por esa época. Nerón contaba con tantas esposas como esposos. La homosexualidad se volvió a castigar hacia el 390 DC, cuando Teodosio I la penalizó con la muerte. Era la época de la llagada del cristianismo a Roma y los últimos años del imperio.
En la India antigua, la homosexualidad fue siempre normal. Se menciona en libros sagrados y en el Kamasutra, que trae técnicas para amantes del mismo sexo. Los transexuales, bisexuales y homosexuales se les consideraba como un tercer género, que recopilaba las naturalezas tanto femeninas como masculinas.
En la China, ocurrió lo mismo y hasta hace muy poco, terminando con la llegada de la República Socialista y su revolución cultural. La homosexualidad era considerada normal y se conocieron los concubinos reales de varios de los emperadores de las antiguas dinastías. Mucho de esto quedó inmortalizado en los productos artísticos chinos de diferentes épocas. Lo mismo ocurrió en el Japón imperial.
En América, diferentes culturas tomaron posiciones diferentes ante el tema. En Norteamérica hay registros de más de 130 tribus nativas donde la homosexualidad y el travestismo (a los que se los llamaba de "dos espíritus) eran considerados normales. Los Aztecas eran crueles perseguidores de los homosexuales. La pena era la muerte: Para el hombre activo, el empalamiento, para el pasivo, la extracción de las entrañas y para la mujer una golpiza a garrote limpio. Los Mayas condenaban la homosexualidad pero eran más tolerantes. Los toltecas la consideraban normal. Los Incas la incluían en ritos religiosos donde los sacerdotes se vestían con ropas femeninas y realizaban actos homosexuales.
Para Judios y Musulmanes, la homosexualidad era, y es, considerada aberración y pecado. Ya en el Levítico se le condenaba fuertemente y se le castigaba con castración y destierro. Los musulmanes eran más tolerantes, pero sus libros sagrados, que coinciden algunos con los de los Judios, la rechazan. Sin embargo, durante algunos califatos se sabe que se le toleró hasta el pinto que los mismos califas tenían concubinos y esclavos sexuales. Esto, tal vez, porque las leyes de sexo extramatrimonial heterosexual eran más duras que las del sexo homosexual.
La homosexualidad femenina no era tan común como la masculina pero existía; constancia de ella se encuentra en las obras de Safo y en las Bacantes. A las homosexuales mujeres se les llamaba Tríbada, o "frotadora".
En Roma, durante la república, la homosexualidad era considerada como una perversión griega, hasta la llegada del Imperio, donde se aceptó como normal. De hecho se sabe que la mayoría de los Césares tenían relaciones sexuales con esclavos, donde este último adoptaba un papel pasivo. De hecho, los primeros matrimonios entre hombres se registraron por esa época. Nerón contaba con tantas esposas como esposos. La homosexualidad se volvió a castigar hacia el 390 DC, cuando Teodosio I la penalizó con la muerte. Era la época de la llagada del cristianismo a Roma y los últimos años del imperio.
En la India antigua, la homosexualidad fue siempre normal. Se menciona en libros sagrados y en el Kamasutra, que trae técnicas para amantes del mismo sexo. Los transexuales, bisexuales y homosexuales se les consideraba como un tercer género, que recopilaba las naturalezas tanto femeninas como masculinas.
En la China, ocurrió lo mismo y hasta hace muy poco, terminando con la llegada de la República Socialista y su revolución cultural. La homosexualidad era considerada normal y se conocieron los concubinos reales de varios de los emperadores de las antiguas dinastías. Mucho de esto quedó inmortalizado en los productos artísticos chinos de diferentes épocas. Lo mismo ocurrió en el Japón imperial.
En América, diferentes culturas tomaron posiciones diferentes ante el tema. En Norteamérica hay registros de más de 130 tribus nativas donde la homosexualidad y el travestismo (a los que se los llamaba de "dos espíritus) eran considerados normales. Los Aztecas eran crueles perseguidores de los homosexuales. La pena era la muerte: Para el hombre activo, el empalamiento, para el pasivo, la extracción de las entrañas y para la mujer una golpiza a garrote limpio. Los Mayas condenaban la homosexualidad pero eran más tolerantes. Los toltecas la consideraban normal. Los Incas la incluían en ritos religiosos donde los sacerdotes se vestían con ropas femeninas y realizaban actos homosexuales.
Para Judios y Musulmanes, la homosexualidad era, y es, considerada aberración y pecado. Ya en el Levítico se le condenaba fuertemente y se le castigaba con castración y destierro. Los musulmanes eran más tolerantes, pero sus libros sagrados, que coinciden algunos con los de los Judios, la rechazan. Sin embargo, durante algunos califatos se sabe que se le toleró hasta el pinto que los mismos califas tenían concubinos y esclavos sexuales. Esto, tal vez, porque las leyes de sexo extramatrimonial heterosexual eran más duras que las del sexo homosexual.
Bueno, esta es la primera. Un poco de historia para que se vayan dando cuenta de que la homosexualidad no es cosa de este tiempo y que ha acompañado la historia de la humanidad, y de nuestra genética.
miércoles, 14 de enero de 2009
De este Mundo Prostituto y Vano Solo Quiero un Cigarro en la Mano
Bogotá, tres de la tarde. Tras meses y meses de lluvias, y un par de semanas de sol, el cielo se vuelve a nublar. No me importa mucho y llego al café Valdez de la calle 9 con carrera 73. Es uno de los pocos lugares que quedan (muy pocos en realidad) en los que puedes, aún, sentarte a tomar un café, leer un rato y acompañar todo esto con un cigarrillo.
Mientras leo, escucho a los de la mesa del lado. Se trata de un par de hombres que rondan los 60 años. Declaman poesía y hablan sobre "la madurez del poeta y su creación". No les hago más caso y continuo con mi lectura. De repente, uno de los hombres, el que al parecer tiene más desarrollado el don de la elocuencia, detiene su disertación y se hace un pequeño silencio en la mesa (todo esto captado por mi inconsciente, ya que, la verdad, estaba embebido en las descabelladas explicaciones de sus fechorías dadas por Humbert Humbert a su imaginario jurado). Y entonces lo escucho: "Señorita, este no es un lugar público. Aquí no puede fumar. Pero tranquila, siga, no se detenga por mi".
Las palabras estaban dirigidas a una mujer joven, de no más de 25 años, que hablaba exaltadamente, con otra de sus mismas características, tal vez una amiga de la universidad, sobre un conocido de ella y su inhabilidad para cortejarla. Blandía un "Kool" que iba por la mitad, mientras hablaba con ademanes exagerados de sus manos. El "justiciero" que le dirigió el reclamo era aquel crítico de poesía, el que unos segundos antes se jactaba de estar por encima de la madurez de algún poeta.
La reacción de ella fue primero de estupefacción. Se quedó mirando a aquel hombre con cara de "What!!??" (ese what tan norteamericano, de película de adolescentes adinerados en preparatoria). Luego, al término de la diatriba del hombre, miró a su amiga con una risa burlona, como preguntándole: "de dónde salió este sujeto y por qué se comporta como un idiota" y continuó hablando, esta vez en voz baja, sin botar el cigarrillo, cosa que haría un par de minutos más tarde.
Después de presenciar la escena, volví los ojos al libro y pretendí leer. En realidad, no me pude concentrar más pues me llenaba esa sensación a la que me tengo que enfrentar a diario: Soy un perseguido. Un outlaw.
El ejercicio de la democracia es difícil. Y más aún si atendemos a su definición: Según la Wikipedia, Democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. Suena bien. Que los gobernantes sean los representantes del pueblo y tomen las decisiones basados en la voluntad de éste es de lo más cojonudo, por lo que no extraña que desde los tiempos gloriosos de la sociedad griega (hace ya unos cuantos milenios) hasta hoy, haya sobrevivido su ideología.
Pero encuentro algunos obstáculos para su ejercicio pleno en el mundo de hoy.
El problema fundamental de la democracia actualmente es la cantidad de personas que integran los pueblos. 6.500'000.000 de habitantes en el planeta, distribuidos en alrededor de 200 estados, la mayoría democráticos, o autoproclamados democráticos, y dependiendo de su tamaño, da un número inmenso de personas por estado. No más, en la nación abanderada de la democracia, Estados Unidos de América, la población ronda los 300'000.000 de habitantes. Considerando que entre tal cantidad de personas, algunas, por lo menos (son muchísimas en realidad), no estén completamente de acuerdo con las medidas tomadas por sus representantes, estoy seguro que no podemos hablar de un "gobierno del pueblo" real.
Y por ahí mismo, por esa misma vereda, se encuentra el siguiente problema. Entre tanto pueblo, entre tanta gente, es realmente difícil acceder a las esferas de poder que toman las decisiones. Si yo, como ciudadano que soy, con derechos democráticos que poseo como miembro activo de esta sociedad, no estoy de acuerdo con algunas de las medidas tomadas por nuestros gobernantes, no es mucho lo que pueda hacer para ejercer mi derecho de "decisión". Puedo escribir cartas a nuestros representantes, puedo escribir a los medios de comunicación, puedo organizar marchas y grupos de trabajo. Pero todos sabemos que esas medidas no llegarán a ninguna parte. Una voz entre millones no se oirá. Hay miles de gritos a mi alrededor, a favor y en contra de mis propuestas para que sean escuchadas. Al final, las decisiones tomadas por nuestros representantes, que ellos claman que son las mejores para el bienestar de la mayoría, se imponen sin que el pueblo pueda hacer gran cosa. Para eso habría que hacer plebiscitos para cada decisión, cosa que nunca sucederá.
Lo poco que puede hacer el pueblo es votar para decidir quienes van a ser sus representantes. Pero este punto está viciado también. Todos sabemos que detrás de una elección de gobernantes hay una serie de variables que sesgan los resultados. No podemos evitar las promesas vanas, los perfiles enchidos, las maniobras electorales, la compra de votos, la publicidad. No podemos hacer que el pueblo se represente a si mismo porque los que se postulan a estos cargos no son, ni de lejos, una muestra significativa del pueblo mismo. Nuestros candidatos son siempre ricos sin nada mejor que hacer, sin problemas reales. Delfines de familias de políticos ancestrales con más intereses propios que comunes. Estrellitas de la farándula criolla, elegidos solo por nombre y apariencia física. Poderosos delincuentes que compran los votos a punta de billetes, toneladas de medicamentos o litros de ron. Y ¿Qué hay del trabajador? ¿Del dependiente de panadería? ¿Del técnico automotriz? ¿Del arquitecto del común que tiene que buscar trabajo y partirse la espalda todos los días, incluidos sábados, para ganar un salario digno? ¿Y el "sin hogar", el ñerito común y silvestre? ¿No es ciudadano?
Claro, me pueden decir: Cualquiera se puede postular a un cargo público en el gobierno. La pregunta es: ¿Cuántos van a votar por él? ¿Logrará este pobre representante del pueblo pagar toda la campaña, toda la publicidad o comprar aunque sea un votico? No lo creo. Y los que lo han logrado, terminan siendo un chiste, una atracción de circo o un simple títere de los que lo respaldaron. Y esto me lleva al siguiente punto de discusión.
Digamos que un representante digno, honrado y justo del pueblo llega a los escaños públicos del gobierno. Por cada uno de ellos existen 500 más detrás, con intereses personales que proteger y que le harán una oposición agresiva. Y es que el poder y el dinero manda.
El capitalismo es el culmen del problema democrático. En una sociedad basada en el consumo como la nuestra, el dinero manda y las decisiones tomadas en las "altas esferas" se encaminan a proveer a la minoría "de bien" de herramientas legales para hacer, aún, más dinero, pasando por encima de cualquier mejora en la calidad de vida de los ciudadanos. Irónico. Cuando uno de los pilares de la democracia es el bien de la mayoría, vemos como nuestros representantes nos arrebatan ese bienestar para aumentar el PIB, unidad de medida aberrante con la que se mide la felicidad media de un grupo tan grande de gente. Lo que para ellos es "bienestar" para nosotros es "resignación".
¡Pero me he ido por las ramas! Si iba a hablar del cigarrillo. Por dios, ¡la mente vuela! Para mi, no hay nada mejor que acompañar un libro con un buen cigarrillo. Desafortunadamente vamos camino a no poder fumar sino en el propio cuarto. He ahí, ¡oh, triste realidad!, la última objeción que le hago a la democracia en este año de nuestro señor. La libertad, que es tan defendida por las democracias actuales, es solo una ilusión. En las manos de la democracia está el dedo que señala. Señala a los que actúan y hablan fuera de lo que otros deciden que es lo mejor para mi.
Por eso soy un perseguido. Un paria. Un monstruo que fuma en el espació público y privado. Al que maestros de la madurez señalan con sus dedos de uñas cuidadas y yemas gastadas de tanto pasar las hojas de los libros de poesía. "No debes fumar, eso nos matará", gritan, "el ministerio de salud lo dice". Y yo, no puedo dejar de pensar: "¿Estaré haciendo algo malo?".
Mientras leo, escucho a los de la mesa del lado. Se trata de un par de hombres que rondan los 60 años. Declaman poesía y hablan sobre "la madurez del poeta y su creación". No les hago más caso y continuo con mi lectura. De repente, uno de los hombres, el que al parecer tiene más desarrollado el don de la elocuencia, detiene su disertación y se hace un pequeño silencio en la mesa (todo esto captado por mi inconsciente, ya que, la verdad, estaba embebido en las descabelladas explicaciones de sus fechorías dadas por Humbert Humbert a su imaginario jurado). Y entonces lo escucho: "Señorita, este no es un lugar público. Aquí no puede fumar. Pero tranquila, siga, no se detenga por mi".
Las palabras estaban dirigidas a una mujer joven, de no más de 25 años, que hablaba exaltadamente, con otra de sus mismas características, tal vez una amiga de la universidad, sobre un conocido de ella y su inhabilidad para cortejarla. Blandía un "Kool" que iba por la mitad, mientras hablaba con ademanes exagerados de sus manos. El "justiciero" que le dirigió el reclamo era aquel crítico de poesía, el que unos segundos antes se jactaba de estar por encima de la madurez de algún poeta.
La reacción de ella fue primero de estupefacción. Se quedó mirando a aquel hombre con cara de "What!!??" (ese what tan norteamericano, de película de adolescentes adinerados en preparatoria). Luego, al término de la diatriba del hombre, miró a su amiga con una risa burlona, como preguntándole: "de dónde salió este sujeto y por qué se comporta como un idiota" y continuó hablando, esta vez en voz baja, sin botar el cigarrillo, cosa que haría un par de minutos más tarde.
Después de presenciar la escena, volví los ojos al libro y pretendí leer. En realidad, no me pude concentrar más pues me llenaba esa sensación a la que me tengo que enfrentar a diario: Soy un perseguido. Un outlaw.
El ejercicio de la democracia es difícil. Y más aún si atendemos a su definición: Según la Wikipedia, Democracia es una forma de organización de grupos de personas, cuya característica predominante es que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo. Suena bien. Que los gobernantes sean los representantes del pueblo y tomen las decisiones basados en la voluntad de éste es de lo más cojonudo, por lo que no extraña que desde los tiempos gloriosos de la sociedad griega (hace ya unos cuantos milenios) hasta hoy, haya sobrevivido su ideología.
Pero encuentro algunos obstáculos para su ejercicio pleno en el mundo de hoy.
El problema fundamental de la democracia actualmente es la cantidad de personas que integran los pueblos. 6.500'000.000 de habitantes en el planeta, distribuidos en alrededor de 200 estados, la mayoría democráticos, o autoproclamados democráticos, y dependiendo de su tamaño, da un número inmenso de personas por estado. No más, en la nación abanderada de la democracia, Estados Unidos de América, la población ronda los 300'000.000 de habitantes. Considerando que entre tal cantidad de personas, algunas, por lo menos (son muchísimas en realidad), no estén completamente de acuerdo con las medidas tomadas por sus representantes, estoy seguro que no podemos hablar de un "gobierno del pueblo" real.
Y por ahí mismo, por esa misma vereda, se encuentra el siguiente problema. Entre tanto pueblo, entre tanta gente, es realmente difícil acceder a las esferas de poder que toman las decisiones. Si yo, como ciudadano que soy, con derechos democráticos que poseo como miembro activo de esta sociedad, no estoy de acuerdo con algunas de las medidas tomadas por nuestros gobernantes, no es mucho lo que pueda hacer para ejercer mi derecho de "decisión". Puedo escribir cartas a nuestros representantes, puedo escribir a los medios de comunicación, puedo organizar marchas y grupos de trabajo. Pero todos sabemos que esas medidas no llegarán a ninguna parte. Una voz entre millones no se oirá. Hay miles de gritos a mi alrededor, a favor y en contra de mis propuestas para que sean escuchadas. Al final, las decisiones tomadas por nuestros representantes, que ellos claman que son las mejores para el bienestar de la mayoría, se imponen sin que el pueblo pueda hacer gran cosa. Para eso habría que hacer plebiscitos para cada decisión, cosa que nunca sucederá.
Lo poco que puede hacer el pueblo es votar para decidir quienes van a ser sus representantes. Pero este punto está viciado también. Todos sabemos que detrás de una elección de gobernantes hay una serie de variables que sesgan los resultados. No podemos evitar las promesas vanas, los perfiles enchidos, las maniobras electorales, la compra de votos, la publicidad. No podemos hacer que el pueblo se represente a si mismo porque los que se postulan a estos cargos no son, ni de lejos, una muestra significativa del pueblo mismo. Nuestros candidatos son siempre ricos sin nada mejor que hacer, sin problemas reales. Delfines de familias de políticos ancestrales con más intereses propios que comunes. Estrellitas de la farándula criolla, elegidos solo por nombre y apariencia física. Poderosos delincuentes que compran los votos a punta de billetes, toneladas de medicamentos o litros de ron. Y ¿Qué hay del trabajador? ¿Del dependiente de panadería? ¿Del técnico automotriz? ¿Del arquitecto del común que tiene que buscar trabajo y partirse la espalda todos los días, incluidos sábados, para ganar un salario digno? ¿Y el "sin hogar", el ñerito común y silvestre? ¿No es ciudadano?
Claro, me pueden decir: Cualquiera se puede postular a un cargo público en el gobierno. La pregunta es: ¿Cuántos van a votar por él? ¿Logrará este pobre representante del pueblo pagar toda la campaña, toda la publicidad o comprar aunque sea un votico? No lo creo. Y los que lo han logrado, terminan siendo un chiste, una atracción de circo o un simple títere de los que lo respaldaron. Y esto me lleva al siguiente punto de discusión.
Digamos que un representante digno, honrado y justo del pueblo llega a los escaños públicos del gobierno. Por cada uno de ellos existen 500 más detrás, con intereses personales que proteger y que le harán una oposición agresiva. Y es que el poder y el dinero manda.
El capitalismo es el culmen del problema democrático. En una sociedad basada en el consumo como la nuestra, el dinero manda y las decisiones tomadas en las "altas esferas" se encaminan a proveer a la minoría "de bien" de herramientas legales para hacer, aún, más dinero, pasando por encima de cualquier mejora en la calidad de vida de los ciudadanos. Irónico. Cuando uno de los pilares de la democracia es el bien de la mayoría, vemos como nuestros representantes nos arrebatan ese bienestar para aumentar el PIB, unidad de medida aberrante con la que se mide la felicidad media de un grupo tan grande de gente. Lo que para ellos es "bienestar" para nosotros es "resignación".
¡Pero me he ido por las ramas! Si iba a hablar del cigarrillo. Por dios, ¡la mente vuela! Para mi, no hay nada mejor que acompañar un libro con un buen cigarrillo. Desafortunadamente vamos camino a no poder fumar sino en el propio cuarto. He ahí, ¡oh, triste realidad!, la última objeción que le hago a la democracia en este año de nuestro señor. La libertad, que es tan defendida por las democracias actuales, es solo una ilusión. En las manos de la democracia está el dedo que señala. Señala a los que actúan y hablan fuera de lo que otros deciden que es lo mejor para mi.
Por eso soy un perseguido. Un paria. Un monstruo que fuma en el espació público y privado. Al que maestros de la madurez señalan con sus dedos de uñas cuidadas y yemas gastadas de tanto pasar las hojas de los libros de poesía. "No debes fumar, eso nos matará", gritan, "el ministerio de salud lo dice". Y yo, no puedo dejar de pensar: "¿Estaré haciendo algo malo?".
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